lunes, mayo 23, 2005

Una de curanderos

Pues bien, heme aquí a punto de emprender un pequeño viaje familiar esta semana a Eurodisney, y ayer Domingo zas!!!, torcedura fuerte de tobillo jugando al tenis con inflamación del tamaño de una ciruela.

Visita de urgencias a la clínica de rigor, radiografías, diagnóstico (esguince grave de tobillo
) y aplicación del protocolo médico al pie de la letra: escayola o vendaje compresivo fuerte y tres semanas y un día de arresto domiciliario.

Alternativa: negociar otras posibilidades con el médico de guardia argumentando lo del viaje; parece que he topado con alguien receptivo; recomendación personal del facultativo apoyado por la enfermera y la auxiliar: vaya a un curandero lo antes posible y se lo solucionará más rápido; no me puede dar nombres oficialmente pero a la salida la auxiliar me desliza un papelito con un apodo y el nombre de un pueblo pequeño de la provincia. Salgo de la clínica en muletas, con la condena impuesta pero también con el papelito.

Ya en casa, varias llamadas de teléfono hasta dar con el curandero y cita para esa misma tarde. 120 kms. de trayecto, entrando con muletas en su casa, media hora de visita compuesta de 25 minutos de conversación
mientras quitaba poco a poco el vendaje sobre anécdotas, definición exacta de su conocimiento (cuasi-analfabeto que sabe colocar los huesos en su sitio) y experiencia acumulada en 56 años de ejercicio, y 5 minutos entre diagnóstico, acción y prescripción. Resultado: crujido de huesos, vendaje ligero y salir caminando sin muletas de su casa (ojo, importante: "...las muletas que las saque el acompañante, nunca el paciente que sale de mi consulta..."; cuestión de prestigio e imagen entre el vecindario). 20 talegos, y en tres días como nuevo.

Espero, por la cuenta que me trae.